lunes, 29 de mayo de 2017

MONASTERIO DE LAS CLARISAS DE LA ASUNCIÓN EN VILLALOBOS ( Zamora) (fundado en 1324)

  
Francisco Trancón Pérez

(Publicado en La Opinión-El Correo de Zamora, el 04/06/2017)

 Me acerco a Villalobos pueblo próximo  a San Esteban del Molar. Una placa en el exterior del ayuntamiento nos recuerda que en esta villa nació Pedro de Villalobos que participó “en la conquista y poblamiento de Nueva España en 1519-1522”.
Ignorando las dudas sobre si fue la ciudad natal  de  Francisco López de Villalobos (1473-1549), personaje ilustre del renacimiento español, judío converso, que a su apretado currículo de escritor, humanista, se le une el  haber sido nombrado médico de cámara de  Carlos I  y de  la casa ducal  de Alba, le adscribo  también a la nómina de personajes ilustres de este municipio.
Sin embargo, mi curiosidad  se centra en el monasterio de las monjas clarisas de clausura de este pueblo. En su interior y ayudado por la amabilidad de la madre abadesa y hermanas de la comunidad, he ido contemplando  la arquitectura de sus edificios, el interior, admirando  la biografía de un convento, compañero fraterno  de una numerosa familia  de siete miembros instalados en Benavente, Villalpando, Zamora y Villalobos.
La creación del monasterio tiene su origen en 1324. Según Ángel Vaca (1991,  Sánchez y otros (1996), Clemente VI concede dispensa para contraer matrimonio a D. Fernando de Osorio con doña Inés de la Cerda, señora de Bembibre y biznieta de Alfonso X el Sabio, ya que eran primos en cuarto lugar. Les impone la condición de fundar un monasterio de monjas de clausura  en Villalobos. La escritura de fundación está fechada el 20-09-1348
Inicialmente se iba a edificar un monasterio nuevo en las afueras de pueblo, pero la peste negra de ese mismo año causó estragos en la población y provocó la muerte del marqués. Por tal motivo, al haber escasez de mano de obra se acondicionaron los palacios que el matrimonio tenía en Villalobos, dotando al edificio de iglesia, refectorio, dormitorios, enfermería, claustro, etc., debiendo albergar a trece monjas. No registrándose ningún incidente hasta principios del siglo XIX.
La invasión francesa no afectó seriamente a monasterio; sin embargo, sí sufrió un revés importante en 1868, a causa de la desamortización, obligando a abandonar las monjas el convento, que recuperarían diez años después gracias a la decidida intervención del pueblo de Villalobos.
La amenaza de desaparición de la vida monástica de esta comunidad religiosa se observa en 1932, debido al  deterioro de los edificios, consiguiendo salvarse gracias a la decisión de las monjas que consiguieron mediante limosnas  conseguidas de los fieles, reparar los daños.
Sin embargo, en 1942 se repite el mismo episodio de desahucio del convento debido a los daños estructurales de sus dependencias. El obispo piensa ubicar a las monjas en otros conventos, pero en esta ocasión sus hermanas las clarisas de Astorga, mediante su ayuda fraterna, consiguieron salvar la situación.
Actualmente  gracias a la intervención de la Junta de Castilla y León y otros organismos, han conseguido rehabilitar completamente el complejo conventual.
La comunidad la componen 10 monjas, casi todas ellas jubiladas de su quehacer laboral  dedicado a los trabajos de confección textil
Aspectos generales del monasterio
La iglesia
Me centraré en la planta baja en la que está instalada la iglesia y otras dependencias. La planta superior está dedicada a alojamiento de las hermanas.
La iglesia es muy luminosa debido a amplias ventanales con vidrieras, a la elegancia de los arcos torales pintados con grecas de color dorado.
Los aditamentos estéticos son muchos, casi todos de factura moderna. En el retablo, presidido por la Inmaculada, junto al altar mayor destaca –aparte de la virgen, San José y el Niño, Cristo crucificado  y otras imágenes- la custodia y un cuadro reproduciendo una procesión de cuatro monjas portando una luz.
De las paredes laterales, profusamente embellecidas con numerosos adornos de motivos religiosos, destaco por su importancia la escultura de una imagen de la virgen María que asienta sus pies en un dragón,  diseñado siguiendo los patrones de formas barrocas, de complicada estructura y original creación.
Los sepulcros de los fundadores Doña Inés y Don Fernando constituyen uno de los motivos más representativos de la iglesia. Se encuentran asentados cerca de ambas paredes laterales, aunque originariamente, estiman que estuvieran ubicados en el centro de la nave, enfrente del altar mayor. Se desconoce el autor de esta obra, aunque  su estilo indica que puede ser de finales del siglo XVI.
En el sepulcro de doña Inés, está situado paralelamente al de su esposo. Las paredes contienen adornos con temas de la Anunciación, Visitación, Nacimiento, Reyes Magos, Sagrada Familia, Entrada en Jerusalén y Coronación de la Virgen.
En el sepulcro de D. Fernando, hay unas tallas incrustadas en el lateral, dividida en seis escenas, sólo reconocibles tres: Resurrección, El árbol y Entierro de Cristo. Las esculturas están encuadradas en arcos apuntados apoyados en columnas.
Debido a la composición de  piedra caliza arenosa, de fácil absorción por la humedad, se deterioran con frecuencia lo que ha implicado y supone actualmente una labor de conservación. En los sepulcros se encuentran restos difusos de una policromía ya desaparecida.
Contigua a la iglesia y separada por una puerta de hierro, hacia el interior se encuentra una capilla menor y el coro de estilo clásico con bancos abatibles en madera de nogal, distribuidos frontal y lateralmente, sin adornos.
Otras estancias
 El patio interior tiene  figuras alegóricas al agua, de factura moderna como la imagen del Sagrado Corazón, que preside una pieza rectangular de jardines distribuidos en parcelas con flores de temporada.  Desde este claustro se observa la espléndida arquitectura del campanario. La aguja de la torre está adornada con cuatro capitales laterales y uno superior, alojando dos campanas pequeñas y otra más grande. La construcción es en piedra alternando con ladrillo rojo.
En el recibidor se puede admirar un mosaico de Santa Clara (1193-1253), donado por la familia Casalta Comas el 11-8-2003, siendo una representación del original de Tiberio de Asís y un cuadro de la Virgen del Camino, que ha sido expuesto en Zamora.
Completan el recinto una espléndida huerta, cementerio, jardines, etc. El convento cuenta con tres pozos, uno de ellos, el de Santa Clara muy bien conservado.
En el  catálogo de los elementos descritos anteriormente incluyo las reliquias  de San Clemente, llamadas así porque fue una donación del papa Clemente X al marqués de Astorga, D. Pedro Álvarez Osorio, entonces embajador en Roma y virrey en Nápoles. Los restos corresponden al cuerpo de un mártir extraído del cementerio de Santa Prisicila.
Tal vez olvidada, pero no menos importante para mí es el taller de trabajo de confección de las hermanas. Una habitación amplia con ventanales abiertos al jardín. Permanecen aún algunos útiles de trabajo, reposando después de las jornadas laborales que realizaban. En este recinto dedicado a actividades de confección, también se convertía en  una sala hecha de ilusiones, de alegrías, de satisfacción por las delicadas obras creadas por las hermanas. Las máquinas, las lanzaderas, los bastidores, han apagado su voz, esperando, como nos recuerda Bécquer  en una de sus estrofas, una voz amiga, que les diga como a Lázaro “levántate y anda”.


 Pulsa el vídeo para ver las diapositivas 





No hay comentarios:

Publicar un comentario